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La gran mayoría de los
pequeños mamíferos (roedores, quirópteros, pequeños carnívoros, etcétera)
ven en la destrucción de su hábitat la principal causa de su
desaparición; sin embargo, es importante destacar dos grupos, que no son
los más numerosos pero sí importantes por las interacciones que tienen
con el ser humano y la poca atención que se les ha prestado en sus
problemáticas de conservación: los mamíferos marinos y los grandes
carnívoros.
Mamíferos marinos
En nuestro país están
presentes prácticamente todas las familias de cetáceos, excepto los
delfines de río como el del Amazonas, la súper familia Platanistoidea;
la beluga y el narval, Monodontidae, y la ballena
franca enana, la única de la familia Neobalaenidae. En cuanto
a los pinnípedos, de las tres familias sólo falta la de las morsas, Odobenidae.
Sin embargo, es interesante notar que la costa occidental de Baja
California fue escenario para la evolución de las morsas, pues allí se
han encontrado fósiles de estos organismos. En la familia Balanopteride (verdaderas
ballenas) la NOM reconoce 7 especies, 6 de las cuales están bajo el
régimen de protección especial y una en peligro; 18 miembros de la
familia Delphnidae (delfines y orcas); 2 de la familia Keogidae (Cachalotes);
2 de la familia Phocoenidae (marsopas), entre ellas la
vaquita marina, y, finalmente, 5 de la familia Zifinidae (ballenas
picudas). Prácticamente todas estas familias están bajo protección
especial, porque la gran mayoría de las especies de cetáceos usan las
aguas mexicanas como lugar de procreación. Casi todas las especies,
además, han sufrido cacherías intensivas, en su mayoría fuera de las
aguas mexicanas y tienen bajas tasas reproductivas. Estos estatus de
protección corresponden frecuentemente a acuerdos internacionales. Un
caso especial son los delfines y las marsopas, como la vaquita marina,
frecuentemente atrapados en redes de pescadores en las que perecen por
asfixia.
Los pinípedos (focas y
lobos marinos), que habitan sobre todo en las costas de la península de Baja
california, ven afectadas sus poblaciones por diferentes causas, como son
la destrucción de sus hábitats, pues muchas de las playas se están
transformado rápidamente en destinos turísticos, o bien se ven
influenciados por éstos, por lo que los animales ya no encuentran en esas
playas sitios a salvo para la procreación. La contaminación de los mares
y las malas prácticas de pesca también son factores para la desaparición
de estas especies. Dos miembros de la familia Otaridae, el
lobo marino de california y la foca de Guadalupe, aparecen en la Norma,
el primero bajo protección especial y el segundo, en peligro. La familia Phocidae,
del elefante marino (Mirounga angustirostris), aparece como
amenazada; la foca común (Phoca vitulina), está bajo protección especial,
y la foca monje del Caribe (Monachus tropicales), aparece como
extirpada del medio silvestre.
Los grandes carnívoros
México presenta una gama de
carnívoros dentro de su mastofauna nativa. Tenemos varios representantes
de los carnívoros, los cuales podemos dividir, arbitrariamente, en dos
grupos: los pequeños carnívoros, dentro de los que encontramos a los
zorrillos, las comadrejas, los cacomixtles, etcétera. Éstos se encuentran
en peligro de extinción, principalmente por la destrucción de su hábitat,
o bien por la caza directa; sin embargo, en la mayoría de los casos estos
animales tienen tasas de reproducción relativamente altas, que les
permiten sobrevivir aún en zonas con alta presión humana, en pequeñas
áreas naturales. Estos micro-carnívoros consumen en su mayoría insectos,
aves, reptiles o algunos mamíferos de menor tamaño. Cuando llegan a tener
interacción con el hombre, normalmente es porque consumen huevos,
gallinas o pollos, ocasionando pérdidas económicas a los campesinos de
escasos recursos económicos, aunque el daño no es importante en términos
económicos.
El otro grupo de carnívoros
importante en México es el de los denominados mega-carnívoros o
carnívoros de gran tamaño. Estos mega-carnívoros suelen tener mayor
cantidad de encuentros con el hombre y su condición de consumidores de
carne hace que frecuentemente esas interacciones entren en el plano
de los conflictos, ya que actúan en mayor grado con el ganado doméstico y
muy escasamente causan la muerte directa de los seres humanos. Estos
conflictos se ven incrementados en número e intensidad por la destrucción
de los hábitats nativos y por la destrucción consecuente de las presas
tradicionales de los mega depredadores, por lo que la caza ilegal (en
ocasiones promovida por los gobiernos) ha sido un factor importante para
que en la actualidad los grandes carnívoros mexicanos estén en gravísimo
peligro de extinción, a pesar de que muchos de ellos deberían ser motivo
de orgullo nacional.
Felinos
De los seis felinos silvestres que habitan el territorio nacional, el más
conocido es el Jaguar (Panthera onca). Esta especie de origen
tropical ha sido reconocida como el más poderoso de los depredadores, de
ahí que los antiguos pueblos mesoamericanos dieran gran importancia a su
presencia (Armella et al, en prensa). Este bello animal se
distribuía en todas las zonas tropicales de México. Aunque actualmente se
ha encontrado en todo el sureste, principalmente en Chiapas, Quintana Roo
y Tabasco, se le ha localizado en estados del norte como Sinaloa,
mientras que en el Golfo se han reportado jaguares casi hasta la frontera
con Estados Unidos y es posible que entren en ese país.
Como en el caso de muchos
otros felinos, no se conoce realmente la situación real del estado de
conservación de esta especie, entre otras causas porque, como todos los
felinos americanos, es solitario y tiene hábitos nocturnos, además de ser
sigiloso por naturaleza. Gracias a esto prácticamente se conocen los
ejemplares que interactúan con el hombre, desgraciadamente casi siempre
de manera negativa. Si bien el jaguar fue cazado extensivamente por su piel,
las fuertes regulaciones tanto nacionales como internacionales, acerca
del comercio de pieles, han tenido un impacto positivo en la disminución
de la caza furtiva. Sin embargo, la cacería ilegal aún se presenta
pretextando la depredación que causan o pueden causar sobre el ganado.
El Puma (Felis concolor) es un felino que habita en los bosques
del norte del país, de donde es originario, y ha migrado hasta el sur del
continente. Siendo la única especie, la falta de hábitat ha hecho que las
pequeñas poblaciones que aún existen emigren hacia hábitats más
tropicales. Su situación es quizá más desconocida que la del Jaguar. Es
la única especie de los felinos que no aparece en la norma oficial bajo
ninguna condición de riesgo. Para la Unión Internacional de Conservación
de la Naturaleza, esta especie es considerada como de “ultima
preocupación” (least concern), lo que quiere decir que no se encuentra en
grave situación de conservación, debido principalmente a su amplio rango
de distribución, aunque es importante hacer un seguimiento de sus
poblaciones.
De los pequeños félidos el jaguarondi
(Herpailurus jaguarundi) es la especie que se encuentra en mayor
peligro de extinción. Es reconocida como amenazada, a pesar de que
como especie tiene una distribución que abarca el sur de estados Unidos
(Texas, Arizona y Florida) y llega hasta el sur del continente. Por ser
de tamaño pequeño su alimentación se restringe a vertebrados chicos, y
debido a sus hábitos de vida al interior de las selvas húmedas, es poca
su interacción con el ser humano.
Los dos pequeños gatos manchados: el magray (Leopardos weddii) y
el ocelote (Leopardus pardalis), están en la característica de en
peligro. Estos animales, que no rebasan los 10 kg de peso, viven en las
zonas selváticas, desde el sur del país hasta Sudamérica. Son perseguidos
por sus pieles, aunque, como en el caso del jaguar, este comercio ha
disminuido. Al igual que los otros gatos, sus hábitos nocturnos y su
hábitat al interior de las selvas hacen muy complicado dar un reporte confiable
de la condición de sus poblaciones (Ceballos y Oliva, 2005)
El lince o gato montés (Lynx rufus) no aparece en la lista de la
Norma ofical Mexicana. Su presencia en México suele ser confundida con
los gatos ferales, gatos domésticos que por su tamaño y coloración
abandonan el entorno humano para convertirse en silvestres. De ahí que
existan pocos reportes sobre la especie, a pesar de no encontrarse
“oficialmente” en peligro. Debido a la disminución de su hábitat natural
y la presencia misma de gatos domésticos con los que esta especie puede
entrecruzarse, en algún momento puede desaparecer.
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